Otra de nuestras apuestas juveniles para este otoño es El corredor del laberinto, del escritor estadounidense James Dashner (traducción de Noemí Risco Mateo, colección Literatura Mágica). En esta novela, primera parte de una trilogía homónima, un grupo de adolescentes se ve atrapado en un laberinto sin saber cómo ha llegado allí, por qué están dentro y, lo más importante, cómo pueden salir. Porque en el laberinto no hay sólo muros...
[Cubierta de la edición de Delacorte]
ARGUMENTO:
MEMORIZA. CORRE. SOBREVIVE.
«Bienvenido al bosque. Verás que, una vez a la semana, siempre el mismo día y a la misma hora, nos llegan víveres. Una vez al mes, siempre el mismo día y a la misma hora, aparece un nuevo chico, como tú. Siempre un chico. Como ves, este lugar está cercado por muros de piedra… Has de saber que estos muros se abren por la mañana y se cierran por la noche, siempre a la hora exacta. Al otro lado se encuentra el laberinto. De noche, las puertas se cierran… y, si quieres sobrevivir, no debes estar allí para entonces».
Todo sigue un orden… y, sin embargo, al día siguiente suena una alarma. Significa que ha llegado alguien más. Para asombro de todos, es una chica.
Su llegada vendrá acompañada de un mensaje que cambiará las reglas del juego.
Clasificado por Kirkus como uno de
los mejores libros juveniles del 2009
Candidato a un INDIGO TEEN READ AWARD
LA CRÍTICA HA DICHO:
«Una apasionante historia de aventuras que satisfará a fans de la fantasía y la ciencia ficción por igual». Publishers Weekly. «Dentro del abarrotado campo de las novelas juveniles postapocalípticas, El corredor del laberinto sobresale». Newsday. «Una aventura emocionante». Deseret Morning News. «No apto para claustrofóbicos». Kirkus. «No podrás dejar de leerlo». Kiss the Book.
Julien Gracq, autor de obras como En el castillo de Argol y conocido, además de por su prestigiosa y brillante carrera literaria, por haber rechazado el premio Goncourt (que obtuvo su novela El mar de las Sirtes), es responsable de una de nuestras novedades para este otoño: EL REY COPHETUA.
[Cubierta francesa --no la nuestra-- de José Corti]
Traducida por Julià de Jòdar para nuestra colección Noches Blancas, El rey Cophetua es una nouvelle sobre encuentros y desencuentros que, esperamos, sea de vuestro agrado.
ARGUMENTO:
«Cuando rememoro la época en que se acababa mi juventud, nada me parece más opresivo, más perturbador, que el recuerdo de los meses en que maduraba, sin comprenderlo aún, la resolución de la guerra de 1914…»
El protagonista de El rey Cophetua, un soldado sin nombre que resultó herido en la Batalla de Flandes, inicia El rey Cophetua al rememorar el otoño de 1917 en Francia, justo antes de que la guerra llegase a su final. Es el día de Todos los Santos. Mientras el personaje viaja desde París a Braye-la-Foret para visitar a un viejo amigo, Nueil, evoca todos sus recuerdos de la guerra, los bombardeos y el dolor. Entretanto, piensa en su amigo: se pregunta por qué lo habrá llamado y, al mismo tiempo, desea verlo. Pero cuando finalmente llega a la villa de Nueil, este no está. En su lugar lo recibe una doncella, también sin nombre.
Entre esos dos desconocidos prácticamente anónimos tiene lugar un encuentro (retratado por André Delvaux en su película Rendez-vous a Bray) que, más que por el presente y el futuro, se preocupa por el pasado, por revivir, mediante un plano intemporal donde sólo quedan sombras, el momento que «marcó el fin de su juventud».
LA CRÍTICA HA DICHO:
«Gracq es uno de los escritores más estimulantes, originales e imaginativos de la literatura francesa contemporánea». The New York Times Book Review. «Los textos de Gracq brillan en la penumbra literaria como esos “hermosos buques fantasmas” que evocaba Claude Roy. La lectura de Gracq es una experiencia incomparable». Libération. «Como Novalis, de quien se sentía muy próximo, Gracq concebía una realidad más vasta, aunque sin fisuras, y abierta a todos los horizontes». Le Monde. «Julien Gracq desarrolló a lo largo de toda su obra una novelística del hábito, de los paisajes y “excursiones” interiores y exteriores». Mathieu Lindon. «Julien Gracq no es tan sólo el mejor paisajista de nuestra literatura —más preciso que Chateaubriand, más musical que Stendhal, más sensual que Proust—, es también uno de los escritores contemporáneos que transmite con más intensidad a sus lectores la energía, la viveza (...), es decir, lo que él mismo denominaba “la melodía de la vida”». Télérama. «Nada le importaban los oropeles porque brillaba siendo única y exclusivamente lo que era: Julien Gracq, escritor francés». Le Figaro.
A pocos meses de su publicación, anunciamos una de nuestras novedades para este otoño: LA CASA DE LOS MIL PASILLOS, de Diana Wynne Jones (otros títulos suyo en nuestro catálogo: La guía completa de Fantasilandia). Traducida por Gema Moraleda, colección Literatura Mágica.
[Cubierta de la edición de Harper Collins]
La casa de los mil pasillos es una continuación de El castillo ambulante (llevada al cine por Hayao Miyazaki), con nuevos personajes entre los de siempre. Sin embargo, puede leerse perfectamente de forma independiente, dado que la historia no está ligada a la anterior. La casa de los mil pasillos es un ir y venir de magia, criaturas extrañas, libros y, sobre todo, pasillos que conducen a lugares encantados.
ARGUMENTO:
La vida de la joven Charmain Baker es, esencialmente, respetable. Sus días transcurren con una tranquilidad que sólo se ve alterada por las aventuras de los libros de los que apenas saca la nariz. Y entonces, un día, su tía Sempronia le anuncia que ha de ir a cuidar la casa de su tío (un tal William que, por lo visto, es mago) mientras él está fuera.
Charmain, emocionada por hallarse al fin ante «su propia aventura», parte de inmediato. Pero cuando llega a la casa, se topa con un laberinto de habitaciones extrañas a las que se accede según unas instrucciones mágicas muy precisas. Hay elfos, jardineros de color azul, comidas que se sirven solas, libros de hechizos para aprender a volar y, en resumen, todo lo que puede haber en la casa de un mago. Pero también hay pilas y pilas de platos sucios (y lavarlos no es, esencialmente, respetable), encantamientos que salen mal y un joven aprendiz de carácter despistado que afirma venir en busca del mago William.
En resumen, algo para lo que ningún libro le había preparado.
LA CRÍTICA HA DICHO:
«Por fin, Jones ha retornado al mundo alocado de El castillo ambulante y El castillo en el aire con una historia igual de jovial y llena de encanto. Los fieles devotos de este rico mundo, así como los nuevos seguidores (que puede que se toparan con él a través de la película animada del 2005 sobre Howl), descubrirán que esta tercera visita cumple con todas las expectativas». Booklist. «Los viejos seguidores y los nuevos lectores se deleitarán por igual con este retorno de Jones al mundo que trazó en El castillo ambulante. Una novela de lujo». Publishers Weekly. «Alegremente caótica». Kirkus.
Esta noche (lunes 28 de junio), a partir de las 22:00 horas, el equipo del programa El Postre, de Radio 3 (Radio Nacional de España), entrevistará a Irina C. Salabert y Luis de la Peña, editores de Nocturna, sobre su proyecto editorial, próximos lanzamientos y muchas más cosas. ¡No dejéis de oírlo!
Nocturna Ediciones. Madrid (2010), 255 págs. 15,95 €. T.o.: Fürstinnen. Traducción: Carlos Fortea.
Uno lee a Eduard von Keyserling (1855-1918) y piensa, de inmediato, en la despedida final de la Belle Époque. Sus novelas —pienso ahora en Olas, por ejemplo (ver Aceprensa, 19-05-2004)— reflejan el mundo decadente de la aristocracia báltica de habla alemana, los últimos días de un particular modelo de buen gusto y elegancia, ceñido a las convenciones sociales de una clase social en retroceso.
En efecto, todo es elegante en Von Keyserling, empezando por su estilo literario, decadente, hermoso, extraordinariamente sutil, más sugerido que hablado, de colores matizados, como una sombra que subraya todo el paisaje de su literatura. A Keyserling se le ha leído poco en castellano y eso sorprende, sobre todo si pensamos en el éxito de otros autores de épocas cercanas: de Zweig a Joseph Roth, pasando por la decadencia posterior pero muy afín de un Thomas Mann. Ahora, Nocturna Ediciones ofrece la que quizá es su novela más representativa, la más popular desde luego en Alemania, que el autor escribió poco antes de morir en 1918, cuando ya era ciego, consecuencia de una sífilis, y que dictó de viva voz a sus hermanas.
Princesas es un retrato social del amor y de la pérdida. Todo se sostiene sobre esta particular melancolía: la ingenuidad del amor juvenil, el dolor del amor derrotado, la esperanza del amor correspondido. El lenguaje, los diálogos a media voz, la etiqueta en los gestos, subraya la sutilidad de la novela. Los protagonistas giran en torno a la corte de un pequeño principado arruinado, incapaz de adaptarse al cambio de los tiempos. ¿Qué hacer ante la posible ruina? Esa parece la principal preocupación de la soberana del país, la viuda Adelheid von Neustatt-Birkenstein, que duda entre casarse o no con un pretendiente que podría solucionar los problemas económicos de la corte. Sus hijas, en cambio, viven el ingenuo aroma del amor juvenil, con una desenvoltura propia de la época. Entre medias, el ir y venir constante de pretendientes, doncellas, criados, militares y jóvenes campesinos.
Al leer la novela, uno no puede dejar de pensar que hace tan solo cien años de todo esto: un mundo aristocrático y elegante, que se rige por un código de honor y de conducta que ya no existe. Permanece la literatura, por supuesto. Como esta bellísima, sencilla y magnífica novela de Eduard von Keyserling. Daniel Capó.
La recién creada editorial española Nocturna se está dando a la tarea de publicar, en ediciones muy cuidadas y cómodas de leer, versiones en español de obras clásicas de las que antes no disponíamos en nuestro idioma. Una de ellas es la breve y hermosa novela Un ardiente verano, del narrador alemán Eduard von Keyserling, también autor de Princesas, otra de las propuestas editoriales de Nocturna.
Quien luego llegaría a ser admirado por los premios nobeles Thomas Mann y Herman Hesse nació en 1855 en la región alemana de Courland y murió en Munich en 1918. Aunque obtuvo mayor reconocimiento como narrador, también fue dramaturgo. Sus últimos años fueron aciagos: la sífilis lo deterioró hasta dejarlo ciego. Sus últimas novelas, Olas (1911) y Princesas (1917) tuvo que dictarlas, como años después haría Borges con varios de sus libros. Ya estaba enfermo cuando escribió Un ardiente verano (1904), pero aún gozaba del sentido de la vista.
El verano no pinta nada bien para Bill: como castigo por haber reprobado un curso escolar, deberá pasar las vacaciones junto a su severo padre, y no con su madre y sus hermanos, como planeaba. El joven nunca se ha entendido bien con su progenitor, a quien considera un desconocido. El hombre suele pasar la mayor parte del tiempo viajando y los pocos días que se queda en casa solo tiene comentarios reprobatorios respecto de sus hijos. Bill se prepara, pues, para vivir el verano más desagradable de su vida. No imagina siquiera la experiencia transformadora de la que será testigo al lado de ese señor extraño y ceñudo.
Un ardiente verano me ha recordado mucho a El solterón, novela del también admirado por Thomas Mann Adalbert Stifter (1805-1868), autor checo en lengua alemana. La editorial Impedimenta publicó por primera vez en español este libro de Stifter en fechas recientes. En ambas obras, el protagonista es un joven que deberá pasar una temporada, a costa de su voluntad, con un hombre mayor de su familia; esta experiencia revolucionará su perspectiva del mundo. También son comunes a ambos libros las constantes descripciones del entorno natural, que sin embargo nunca se vuelven protagonistas al grado de dejar de lado la historia que se narra. Dichas descripciones representan el alma sensible y curiosa del personaje principal, que en el caso de Un ardiente verano, también funge como narrador.
La novela de Von Keyserling expone un conflicto siempre vigente: el enfrentamiento entre los deseos más profundos del individuo y las limitaciones que la sociedad quiere imponerles. Ese choque, que tiene consecuencias graves e imprevistas, marcará la frontera entre la juventud y la adultez de Bill, el protagonista. Este choque impactará también al lector, inmerso en una historia narrada con sencillez, pero con gran efectividad, sin distractores ni palabras de más que restarían sustancia a ese final doloroso y nostálgico que invita a reflexionar sobre nuestra naturaleza fragmentada y contradictoria, sobre nuestras luchas internas que, si el valor no se impone, acaban en frustración y angustia.
Gran acierto de la editorial Nocturna el de darnos acceso a esta novela sin desperdicio ni fecha de caducidad que pone el dedo en la llaga y recrea con acierto, sin truculencia, una de las batallas más duras que, a lo largo de nuestra vida, debemos librar los seres humanos.
* Un ardiente verano, Eduard von Keyserling, traducción de Carlos Fortea, Madrid, Nocturna, 2010, 106 páginas.
Eduard von Keyserling, pintado en 1900 por Levis Corinth. / NEUE PINAKOTHEK
Curlandia parece el nombre de uno de esos reinos ficticios, imprecisamente situados en el Este de Europa, que el cine norteamericano ha inventado mil veces para divertidas películas de amor y aventuras. Pero no, Curlandia es una región real e histórica, vertida al mar Báltico, perteneciente hoy a Letonia, tras haber sido alemana, polaca y rusa. Base estratégica de los Caballeros Teutónicos, Curlandia es tierra de nobles y castillos, por lo cual no está tan lejos de la atmósfera y del paisaje de las películas aludidas.
En uno de sus castillos nació, en 1855, el conde Eduard von Keyserling, el décimo de 12 hermanos de una rancia familia de la aristocracia rural. Adolescente raro y excluido por los demás, un incidente universitario –que no he conseguido aclarar– le forzó, mientras estudiaba Derecho, a trasladarse a Viena, donde completó estudios de Filosofía e Historia del Arte. Filósofo, y bien notable, fue su primo-sobrino –y también conde– Hermann von Keyserling, fundador de la Escuela de la Sabiduría y partidario de la democratización de Alemania, por lo que fue represaliado por los nazis.
Keyserling debió ocuparse durante años de la gestión de las propiedades familiares, aunque comenzó a publicar cuentos y relatos hacia 1883, literatura todavía incluida por el naturalismo hegemónico. También escribió teatro y ensayos sobre asuntos culturales.
Su obra dio un giro hasta obtener la etiqueta de narrador impresionista. Su técnica –lejos ya de la apretada densidad de la novela decimonónica– es, desde luego, impresionista, pero el aroma de sus textos está impregnado de un fuerte romanticismo, por lo que no es casualidad ni error de enfoque que las portadas de los dos libros estén ilustradas con sendos lienzos del romántico alemán Caspar David Friedrich.
En la literatura de Keyserling todo es nostalgia, decadencia, melancolía y tristeza. Keyserling no sólo representa un fin de siglo cronológico, sino que descubre el final de un mundo, de una clase, de una estirpe: la suya, la aristocracia campesina que habita castillos, fincas y casas de campo con criados, que languidece y se extingue ante los atisbos intuidos de los cambios sociales, los movimientos revolucionarios y la irrupción de la modernidad.
En verdad, la vida de Keyserling responde al aura de sufrimiento y fatalidad del artista romántico, aunque nacido en alta cuna y con posibles (que fue perdiendo). Instalado en Munich con tres de sus hermanas, enfermó de sífilis a los 42 años. Dicho sea de paso, nunca se casó. Muy limitado en su salud y movimientos, se quedó ciego en 1907. Caminaba con bastón y del brazo de un sirviente, y tuvo que dictar sus mejores novelas a sus pacientes hermanas, que lo cuidaron hasta su muerte en 1918.
Parece que era un hombre amable, simpático y buen conversador. En Munich trabó amistad con el pintor expresionista Lovis Corinth, que nos dejó en un retrato su imagen más conocida.
En ella aparece –antes de la ceguera–, y además de muy feo, como era, con su aspecto enfermizo, ojos acuosos, párpados hinchados, carnes caídas –pese a su delgadez– y labios gruesos, colgones y mórbidos.
La obra de Keyserling fue alabada por Hermann Hesse, Arthur Schnitzler y Thomas Mann, entre otros, pero, como señaló un crítico, ha tenido dificultades para mantenerse siempre a flote, despareciendo por rachas de la atención de los lectores para volver a aparecer y volver a sumergirse. ¿Por qué no termina de quedar? Esa es la pregunta, tal vez fácil de responder en la medida en que su mundo es otro mundo, pero hay instintos y curiosidades que nos empujan a otear lo ajeno y, si se quiere, anacrónico respecto a nuestra contemporaneidad, cuando va acompañado de tan notables cualidades estéticas. Todos los personajes de Keyserling son carne de paredón ante el bolchevismo pujante en su momento.
«En el jardín, las rosas y las dalias empezaban a florecer, y olía a grosella y a ciruela. Un vapor azul caía sobre las colinas. Llevaban los gansos a las rastrojeras…». Son unas líneas de Un ardiente verano. La literatura de Keyserling es así: color, olor, luz y hasta sabor, maravillosas descripciones de interiores y exteriores, plenas de fragancia, lirismo y sensualidad –palabras audibles, comestibles, visibles– que reflejan y evocan paraísos exclusivos en trance de perderse.
Los personajes, sin embargo, que habitan en esos mundos idílicos están tocados por el rayo del declive. Están acosados por desasosiegos del alma y por adversidades de la fortuna y, sobre todo, del amor, que les impiden gozar de los bienes y privilegios de los que disponen. La angustia y la desesperación se apoderan de su estómago y de su corazón, caen en el pesimismo y en el vacío, se ven abocados a la temprana decrepitud, a la incertidumbre y a la oscuridad, pese a vivir, aparentemente, en cristalinas y doradas burbujas.
En las librerías españolas disponíamos solamente de Olas (Minúscula), escrita en 1911, una de sus más importantes novelas. La novísima editorial Nocturna nos ofrece ahora, en doblete, Un ardiente verano (1904) y Princesas (1917), novela epigonal y muy relevante en su obra.
Yo he leído Un ardiente verano, que es más corta, una nouvelle, la historia de un joven, mal estudiante, que, por serlo, debe pasar las vacaciones de verano en el campo, en un entorno de parientes ricos, bajo el control férreo de su padre, que toma sus derivas. ¿Novela de iniciación? Tiene algo de eso, que siempre es fascinante: las primas enamorables, las criadas apetecibles… Todo, menos estudiar. Los centroeuropeos y los nórdicos –ahí cuadra Keyserling– son, por algún motivo, especialistas en historias sobre jóvenes abrumados en el tránsito hacia la vida adulta.
«Me sentía muy pequeño y miserable», dice el protagonista y narrador, siempre acosado por la decepción y la nada, mientras, a su lado, la Naturaleza y su misma posición social le ofrecen manjares que no le colman. Es un fresco de otro tiempo, del que, por evasión, podemos ser voyeurs complacidos.
KIKI DE MONTPARNASSE: Recuerdos recobrados. Memorias. Traducción de José Pazó Espinosa, Nocturna ediciones, 2009, 230 pp.
No se puede entender ni conocer plenamente lo que significó la efervescencia artística en el París de entreguerras sin saber quién fue Kiki de Montparnasse. Se llamaba en realidad Alice Prim (Châtillon-sur-Seine, 1901, Sanary-sur-Mer, 1953). Conocida por haber servido de modelo a los mayores artistas de esa época, se editan por primera vez sus Recuerdos recobrados, un texto escrito en 1927 que vio la luz dos años después en Francia, con un prólogo de Fujita y otro de Hemingway, para una edición destinada a Estados Unidos y que fue interceptada antes de que llegara a puerto. En 2005, la editorial francesa José Corti se hizo cargo de una reedición. Debemos a José Pazó la traducción de esta inusual biografía y el prólogo de la edición.
Los Recuerdos recobrados son las memorias deshilvanadas de una mujer que estuvo, la mayor parte de su vida, al borde de la miseria. Después de vivir con su abuela hasta los doce años, Kiki se marcha a París con su madre. Desde muy niña lucha por la supervivencia, desempeñando un sinfín de pequeños oficios, desde panadera a dependienta de tienda, hasta que empieza su carrera como modelo de artistas. A partir de entonces, Kiki de Montparnasse se convierte en una de las modelos más deseadas de París. No sólo puede comer sino que empieza a frecuentar a los artistas más reconocidos. Por lo que descubrimos en su escrito, Kiki es también una artista y no es de extrañar que se sienta una privilegiada. En esa época, incluso en la ciudad más avanzada, las escuelas de arte oficiales no permitían el ingreso de las mujeres, que tampoco eran bien recibidas en las tertulias. Kiki dibujaba, cantaba y supo recoger en estas memorias su perfil creativo.
Testimonio brutal, el texto se desenvuelve con una ligereza que sobrecoge. Los pequeños capítulos de extensión desigual cuentan anécdotas de su vida y de las personas que le rodeaban. Desde sus aventuras para perder la virginidad hasta la historia de su amiga Germaine, que no encuentra para su bebé más que una caja de cartón, Kiki nos acerca a una ciudad inhóspita, fría, dura, en la que jamás, nos revela Hemingway, Kiki tuvo su cuarto. Con rápidas pinceladas, Kiki esboza retratos de personajes en un capítulo, como los referentes a Jean Cocteau, a Marie Wassiliev o a Fernande Barrey, primera mujer de Fujita que abandona al pintor a pesar de ser el artista más reconocido y rico del momento. El texto de Kiki resulta fragmentario y espontáneo, lleno de vida y con un estilo coloquial, lo que permite descubrir mejor el carácter del personaje. A diferencia de otros géneros literarios, como la biografía o el ensayo, las memorias ofrecen una imagen mucho más real de la persona que escribe, con una espontaneidad cercana a la de la oralidad. Su mente vuela libre sin querer acoplarse a la forma.
El libro, editado de manera muy cuidada por Nocturna, es de una gran belleza. En él se incluyen reproducciones de las diferentes obras de arte que reflejaron a la modelo, fotos de la época en la que descubrimos a Kiki en las diferentes etapas de su vida y a muchos otros artistas. Conocemos a Kiki de Montparnasse por los bronces de Pablo Gargallo, los móviles de Calder, los cuadros de Modigliani, de Kees Van Dongen, de Fujita, de Kisling. Por los escritos de Jean Cocteau, de Robert Desnos o las fotos de Man Ray, su gran amor durante más de veinte años. Y la lista podría continuar. Kiki encarnaba la libertad, les années folles de los famosos años 20. Sería muy interesante pensar en una exposición que mostrase las obras de arte en las que aparece la modelo.
Asimismo, el texto descubre la geografía del París bohemio del Monte Parnaso que pasó, en pocos años, de albergar huertos y casuchas, a los cafés y bares nocturnos más populares del cambio de siglo. Escuela de encuentros mágicos, a los que acudían los artistas del mundo entero para conocerse, charlar, divertirse y calentarse bajo las grandes estufas. El texto da una imagen de la importancia de estos lugares. La Closerie des Lilas, La Coupole, Le Boeuf sur le Toit, por ejemplo, fueron verdaderos centros de reunión e intercambio de información que marcaron para siempre la historia del arte moderno. Mujer enigmática, sincera y libre, Kiki de Montparnasse nos ofrece en sus Recuerdos recobrados una cara oculta del París del entreguerras.—JACINTA CREMADES.
La joven Irina C. Salabert y el crítico Luis de la Peña fundaron hace un año una editorial con predilección por la fantasía para los que prefieren la luz del flexo para leer
12/05/2010
Marta Caballero
El nombre es un homenaje a los lectores, a los que llegan a casa por las noches, los que aprovechan el silencio para leer, por eso Irina C. Salabert y Luis de la Peña llamaron Nocturna a su editorial, que nació de un dinerillo que la joven Salabert (hija de Juana Salabert) tenía ahorrado antes de cumplir los 20. La estudiante, lectora voraz, y el veterano crítico literario decidieron aliarse y, tras el incómodo periodo de burocracias, sacaron adelante un proyecto de edición en tres colecciones que abordan desde memorias y espistolarios a literatura fantástica juvenil “pero no necesariamente para jóvenes”, distingue De la Peña.
Aquello fue el pasado septiembre y hoy ya tienen en las tiendas nueve libros, que es el número al que pretenden llegar por cada curso. Él compagina la labor editora con la docencia. Ella se dedica al cien por cien a este proyecto en el que todo se decide a cuatro manos, en un proceso que arranca con una búsqueda de autores y títulos que se divide entre la experiencia del profesor y la intuición con la que juegan ambos. “Cuando estás en esto enseguida ves que hay muchos autores a los que rescatar o descubrir. Nos ayuda nuestra experiencia lectora y el hablar con mucha gente”, explica Luis de la Peña.
El camino de sus publicaciones continúa con el mimo hacia los proyectos. “Es complicado, porque haces de todo, desde buscar y planificar a corregir, y tienes que cumplir unos plazos y una serie de requisitos, pero es una tarea gratificante”, explica el editor, que considera que una de las características que define a los nuevos editores es precisamente esa entrega para con sus libros. “Todos estamos en esa línea de arriesgar y afrontamos las mismas dificultades para colocarnos en el mercado, pero a diferencia de los grandes sellos, cuidamos más el contenido. En Nocturna corregimos los textos tres veces como mínimo, algo que debería hacer todo el mundo y que, sin embargo, hacemos precisamente los que menos recursos tenemos”, se queja De la Peña, que tras años dedicado a la crítica manifiesta un notable desengaño hacia el mundo de las letras, un panorama a su juicio sujeto a un mercado demasiado veloz que prima la celeridad de publicación de nuevos títulos por encima de la calidad o de la búsqueda de nuevos talentos y con una crítica literaria dependiente de los grandes grupos editoriales. “Toda la buena crítica que brillaba en los noventa se ha evaporado”, lamenta.
Con todo, la repercusión de Nocturna en medios y lectores está siendo notable. “Nos hemos impuesto la calidad total como máxima, tanto en el texto como en la cubierta, los diseños e incluso en la letra. Queremos que nuestros libros se lean bien, que sean bonitos, y eso se está notando en los resultados”, celebra. Dentro del conjunto de nuevos sellos, el editor considera que Nocturna se distingue por su predilección por el género fantástico, poco habitual en la edición patria, y un campo en el que han despachado títulos de autores como Dentro del laberinto de A. C. H. Smith.
Tienen también dos títulos del muy de moda Lewis Carroll, autor que le apasiona a Irina. “Es sorprendente que haya tan poco traducido al español de él más allá de las dos Alicias, y es un fenómeno que ocurre con autores tan potentes como Stendhal y Balzac”. Para eso están ellos: “Nosotros sacamos los títulos para que se vendan cuando sea, no en un plazo de tres meses como hacen las grandes editoriales. Si se nos agota una edición, la repondremos, pero no jugamos a retirar los libros”, explica.
De los títulos publicados por la casa, sus padres le tienen quizá más cariño al que abrió la veda, el generosamente ilustrado Recuerdos recobrados. Memorias, de Kiki de Montparnasse, la modelo que inspiró a pintores como a Picasso y Modigliani y a fotógrafos como Man Ray. También quieren mucho a los dos Carroll por lo insólito de su publicación en España. “En realidad, todos están funcionando muy bien”, comenta el crítico, que en un tiempo espera empezar a publicar con Nocturna a autores españoles: “Nuestro avance es lento pero aceptable, y nuestros libros son para leerlos, nos gusta que la gente nos dé su opinión sobre ellos y, aunque aún no tenemos un tipo de lector, sabemos que son personas jóvenes que se interesan por el libro como objeto, que buscan buenas traducciones y que se apasionan con la literatura”.
Hoy, lunes 10 de mayo, sale a la venta la novela Dentro del laberinto, del escritor británico A. C. H. Smith. Compartiendo argumento con la película dirigida por Jim Henson, producida por George Lucas y protagonizada por David Bowie y Jennifer Connelly, Dentro del laberinto narra el viaje de Sarah, una jovencita que va en busca de su hermano, a través del laberinto del rey de los goblins. Pero el laberinto no está vacío: lo habitan criaturas que hacen de él un lugar "donde todo es posible y nada es lo que parece".
Dentro del laberinto, de A. C. H. Smith
CONTRACUBIERTA:
Una noche, Sarah, una adolescente de carácter fantasioso, se ve obligada a quedarse en casa cuidando a Toby, su hermano pequeño. Cuando sus padres se marchan a una fiesta, harta de oír llorar al niño, Sarah recita unos versos de su libro favorito, Dentro del laberinto, y ordena a los goblins que se lleven a su hermano. Al momento, unas extrañas criaturas aparecen y se esfuman con Toby. Poco después, un hombre misterioso y atractivo surge de la nada y se presenta como Jareth, el rey de los goblins, para a continuación sugerirle a Sarah que se olvide del niño. Arrepentida de lo que ha hecho, Sarah le pide que le devuelva a Toby, pero el rey se niega. Entonces él le propone un trato:
«Tienes trece horas para atravesar el laberinto y encontrar a tu hermano. De lo contrario, se convertirá en uno de nosotros».
Y el tiempo apremia…
Una novela con tintes de Alicia en el país de las maravillas y El mago de Oz, por la que desfilan extrañas criaturas, bailes de máscaras y, por encima de todo, interminables laberintos.
CRÍTICA:
«Se trata de un juego de inteligencia entre Sarah y Jareth (…). Me encantó su magia, su misterio». DAVID BOWIE
Dos factores cruciales a la hora de llegar a conocerle son sus cartas y sus diarios. Sobre estos dos temas, y a raíz de sus traducciones de Cartas inéditas a Mabel Amy Burton y Diario de un viaje a Rusia, versa la entrevista a María Eugenia Frutos que se emitirá mañana, sábado 8 de mayo, a las 15.30 en el programa radiofónico "Eureka Libros" de Radio Libertad (en Madrid: 107.0 F. M.; desde cualquier lugar, en directo o para descarga, desde la página web de la cadena: www.radiolibertad.com).
Hoy, lunes 3 de mayo, sale a la venta la novela Un ardiente verano, de Eduard von Keyserling, el autor de Princesas.
Un ardiente verano, de Eduard von Keyserling
CONTRACUBIERTA:
Al conde Gerd von Fernow le desespera la conducta de su hijo Bill, un adolescente poco interesado por las rígidas normas sociales de su clase que pasa el tiempo con el servicio y, para colmo, acaba de suspender el bachillerato. Como castigo, su padre le obliga a pasar el verano a su lado, en lugar de irse de vacaciones a la casa familiar.
Pero al permanecer durante ese verano junto a su padre, Bill comienza a darse cuenta de que las cosas no son lo que parecen, y que incluso aquellos que sostienen que uno ha de saber salvar las apariencias son, en el fondo, víctimas de su propio engaño.
Comparado a menudo con escritores como Chéjov y considerado un maestro por Thomas Mann, Eduard von Keyserling entreteje una telaraña de mentiras y comportamientos refinados, pero engañosos.
CRÍTICA:
«[Eduard von Keyserling] no solamente tiene un sexto sentido para el comportamiento humano, sino que se muestra a sí mismo tremendamente perceptivo en lo que se refiere al movimiento de los objetos, a la vida de las cosas inanimadas, a la particularidad de un perfume, de una hora de la mañana…» HERMAN HESSE
Hoy, lunes 5 de abril, sale a la venta Princesas, de Eduard von Keyserling, segundo título de nuestra colección de narrativa Noches blancas.
Princesas, de Eduard von Keyserling
CONTRACUBIERTA:
La viuda Adelheid von Neustatt-Birkenstein, princesa y soberana casi arruinada de un pequeño principado, tiene un pretendiente, pero no se decide a aceptarlo por miedo a los convencionalismos de la sociedad. Su hija menor, Marie, una adolescente frágil y sensible educada lejos de la corte, tiene demasiada facilidad para amar. Por otra parte, el distinguido y reservado conde Streith empieza a sentirse atraído por una joven tan inesperada como diferente…
Princesas, novela sobre el esplendor perdido y la decadencia de la aristocracia báltica de habla alemana a las puertas del siglo XX, se halla en la línea de El último encuentro, de Sándor Márai, y de autores como Stefan Zweig, Joseph Roth o Lampedusa. Una obra sobre el amor y la derrota.
CRÍTICA:
«[Eduard von Keyserling] no tenía nada de pionero, pero siempre será amado y siempre gustará». THOMAS MANN
«Eduard von Keyserling es un escritor de una sensualidad asombrosa». MARCEL REICH-RANICKI (Literarischen Quartett)
Para más información: FICHA.